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Ver las 11:11 es dar con la hora de la fuerza suave, la que se mantiene firme sin aplastar nada. En la lectura de las horas espejo, está confiada a Lehahiah, un ángel de paciencia y de compasión, y se corresponde con la Fuerza, el arcano XI del Tarot de Marsella.
Ver las 11:11 es dar con la hora de la fuerza suave, la que se mantiene firme sin aplastar nada. En la lectura de las horas espejo, está confiada a Lehahiah, un ángel de paciencia y de compasión, y se corresponde con la Fuerza, el arcano XI del Tarot de Marsella.
Solemos asociar la fuerza al puño cerrado y a la voz que se hace oír. Las 11:11 describen otra, que no atropella a nadie y que, aun así, no retrocede. Avanza un paso, y luego el siguiente, sin mirar quién corre por delante.
El mensaje es este: nada corre tanta prisa como parece. Lo que avanza un poco cada día suele llegar más lejos que un gran impulso que se desinfla al día siguiente. Así que la hora no te pide que aceleres ni que fuerces una puerta que se resiste. Te propone seguir, a tu ritmo, con lo que has empezado.
¿Por qué él? La tradición de los 72 ángeles de la Cábala reparte el día entre ellos, a razón de 20 minutos cada uno, y 72 franjas de 20 minutos suman exactamente 24 horas. Lehahiah, el trigésimo cuarto de la lista, reina de 11:00 a 11:20, y las 11:11 caen de lleno en su franja.
Se le considera un ángel de compasión y de sabiduría, de una gran dulzura. Su paciencia no tiene nada de espera resignada. Es la de la persona que se queda frente a una tarea ingrata, la retoma al día siguiente cuando nada se ha movido y acaba viéndola tomar forma sin haber alzado nunca la voz. Súmale la serenidad, y también el discernimiento, ese talento para separar lo urgente de lo que puede esperar.
Si quieres dirigirte a él, la forma la eliges tú: una pausa de unos segundos, un pensamiento, una oración si rezas. No se exige nada. También puedes, sin más, mirar la hora, sonreír y retomar el hilo de tu día.
La undécima carta del Tarot de Marsella muestra a una mujer tocada con un gran sombrero cuya ala dibuja un ocho tumbado. Sujeta las fauces de un león, sin esfuerzo aparente. La escena no tiene nada de combate: la fiera está sujeta, no vencida. En la serie de los arcanos, la Fuerza llega después de la Rueda de la Fortuna de las 10:10 y antes del Colgado de las 12:12.
Ese león representa la parte de ti que reacciona antes de pensar: el miedo, el instinto. La carta no busca acallarlo. Muestra que es posible dominarlo con firmeza y sin violencia, y mantenerlo a raya mucho tiempo, de ahí la perseverancia que se asocia a este arcano. Vista a las 11:11, dice algo sencillo. Lo que te asusta o te desborda se gobierna mejor con suavidad que con fuerza bruta.
Un detalle si tu baraja es un Rider-Waite-Smith: en ella, la Fuerza lleva el número VIII, con el nombre de Strength, y la carta 11 es la Justicia. Las dos cartas han intercambiado su lugar, y la Justicia, que sigue en el VIII en el de Marsella, es la carta de las 08:08.
En numerología, aplico a todas las horas espejo un único método: leer el número de las horas. De 00 a 09, habla la cifra repetida. Los números maestros, 11 y 22, se conservan enteros, y todos los demás se reducen sumando sus cifras.
Las 11:11 llevan, pues, el 11, uno de los dos números maestros junto con el 22 de las 22:22. No se reduce (1 + 1 daría 2, para que conste). La numerología ve en él una energía poderosa, un impulso vital, una autoridad natural. Poderosa, precisamente, y por eso necesita un marco. Bien encauzada, convence en lugar de imponer, y los demás te siguen porque quieren, no porque tú lo exijas.
En el amor, la Fuerza une dos cualidades que a menudo se contraponen: la suavidad y la firmeza. Una sin la otra degenera pronto en complacencia, o en dureza.
Quizá esperes que las 11:11 anuncien un encuentro, o incluso el alma gemela. Prefiero ser franca: ninguna hora te promete a nadie. Lo que sí puede susurrarte es que no precipites nada porque otras personas a tu alrededor parezcan haber encontrado a alguien, y que mantengas tus exigencias sin cerrarte por ello a los encuentros imprevistos.
¿Y la llama gemela? Nada, ni en el ángel ni en la carta de las 11:11, habla de un alma doble que te estaría esperando en alguna parte. La Fuerza se interesa por ti, por la manera en que te sostienes, y eso ya es mucho.
En pareja, las 11:11 hablan de cuidar el día a día más que de grandes juramentos. Una relación se alimenta de pequeños detalles, y de vez en cuando de una sorpresa que la otra persona no esperaba. La firmeza también tiene su sitio: decir con serenidad lo que ya no te conviene forma parte de la dulzura que le debes a la otra persona, y también a ti.
El trabajo figura entre los ámbitos de Lehahiah. Se dice que está atento a quienes encuentran dificultades en él, y en particular conflictos con sus superiores.
Si las cosas suben de tono con un superior, las 11:11 se inclinan por la diplomacia: mantener tu postura sin dar un portazo, elegir el momento y las palabras. Hacerse respetar no obliga a aplastar a nadie. Quizá la hora te sugiera también transmitir la experiencia que has adquirido, a alguien que empieza o a quien te la pida.
En cuanto al dinero, no busques en las 11:11 el anuncio de una ganancia. La hora no tiene nada que decir de tus cuentas, y su consejo sería más bien la prudencia. El 11 es un número de impulso, pero una decisión que compromete tu presupuesto sale ganando si madura un día más.
Algunos gestos sencillos, por si te sirven:
Tres piedras se unen a las 11:11 por lo que evocan. Ninguna recorrerá el camino por ti, pero cada una lleva su sentido, para quien guste de tenerlo a la vista.
El ojo de tigre lleva el nombre de un felino, para una carta que amansa a otro. Se asocia al valor y a la confianza, los que hacen falta para mirar el propio miedo de frente, y es el que encontrarás en nuestras joyas de ojo de tigre.
El cuarzo rosa responde a la otra mitad de la carta, la mano que sujeta sin brusquedad: evoca la dulzura y la benevolencia. Elegir una joya de cuarzo rosa es guardar esa mitad cerca de ti.
El jaspe, por último, recuerda la paciencia de Lehahiah, la de los pies bien plantados en la tierra y la del paso que no se fuerza. Nuestras joyas de jaspe son para quien avanza despacio, y lo reivindica.
No es una mala señal: ninguna hora anuncia una desgracia. Tampoco es un amuleto de la suerte, en el sentido de un billete premiado. Las 11:11 proponen una manera de leer tu momento, que eres libre de conservar o de dejar.
Nada te obliga. Pedir un deseo al ver las 11:11 es una costumbre popular, que no garantiza nada y no te compromete a nada. Si te apetece, formúlalo para ti, sin vigilarlo después: sirve ante todo para poner palabras a lo que deseas.
La hora no dice nada de lo que piensa esa persona, ni de un posible regreso si se trata de tu ex. Habla de ti. De lo que esperas, quizá, y de la paciencia que esa espera te pide.
No. Una hora no dice nada de tu salud. Si algo te preocupa, consúltalo con un médico.
No. Ninguna hora anuncia un embarazo, y no voy a jugar con el deseo de tener un bebé. Para esa pregunta, la respuesta vendrá de una prueba o de una consulta, nunca de un reloj.
Tras un duelo, a veces se perciben señales por todas partes, y es muy natural. No te diré que la persona que se ha ido te envía esta hora: sería afirmar lo que no sé. Si las 11:11 te traen un recuerdo, o la sensación de una presencia dentro de ti, acógelo con dulzura. Te pertenece.
No puedo responder en lugar de tu religión, ya se trate del islam o de otra. Las horas espejo pertenecen a una tradición esotérica, y sus ángeles proceden de la Cábala: cada cual las acoge según sus convicciones, o las deja de lado. Para salir de dudas, lo mejor es preguntar a alguien de tu confesión.
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