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La colección Kinthia
A menudo se confunde la sodalita con el lapislázuli, pero las joyas de sodalita se reconocen enseguida: su azul está veteado de blanco y rara vez salpicado de oro. Ese azul es más oscuro que un cielo de verano, y los trazos blancos abren claros en él. Se la relaciona con la reflexión, con ese ir y venir en el que la lógica y la imaginación se responden.
El cuaderno Kinthia
Algunas claves para encontrar lo que se parece a ti.
La sodalita es un mineral azul y opaco, rico en sodio, de ahí su nombre. Las vetas blancas que la atraviesan proceden casi siempre de la calcita, y su cantidad lo cambia todo: una piedra muy veteada parece más clara, casi grisácea, otra conserva un azul denso, casi liso. Pulida en cuentas redondas, ofrece un tacto suave y un brillo discreto.
La sodalita se sitúa en el cruce de la intuición, la reflexión y la creatividad. Se lleva para mirar antes de juzgar, para cuestionar lo que parece dado por hecho, para dejar que una idea madure entre lo que ya sabes y lo que intuyes. Una piedra de cabeza, pero no por ello fría.
En sus joyas, la sodalita casi siempre comparte protagonismo. Marca el ritmo de malas donde alterna con piedras más cálidas, entra en collares de varias vueltas dedicados a los siete chakras y se cuela entre muchos otros tonos en pulseras muy finas.
Su azul oscuro encuentra el contrapunto perfecto en el ojo de tigre o la cornalina, que lo hacen resaltar. Con una camisa blanca o unos vaqueros, sigue siendo sobrio. Como regalo, gustará a los estudiantes que preparan exámenes, a las mentes curiosas, a quienes llenan cuadernos de preguntas.
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