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La colección Kinthia
Círculo tras círculo, las bandas verdes de las joyas de malaquita encajan unas en otras, oscuras y claras alternadas, igual que los anillos de un tronco cortado. Cada una tiene su tono, y es este dibujo, más que el color, lo que hace tan reconocible a la piedra. Protección y voluntad son las dos palabras que se le asocian, para quien quiere avanzar a su manera.
El cuaderno Kinthia
Algunas claves para encontrar lo que se parece a ti.
La malaquita es un carbonato de cobre, y es este metal el que le da su verde. La piedra se formó por depósitos sucesivos, que el pulido revela en bandas, en ojos o en ondulaciones, donde se alternan un verde casi negro y un verde manzana. Los griegos la habrían llamado así por la malva, una planta de hojas de un verde parecido.
La malaquita es blanda y teme el agua. Así que quítate la pulsera antes de nadar, fregar los platos o lavarte las manos, y mantenla lejos de los productos de limpieza. Guardada aparte, a salvo de roces, conserva su pulido más tiempo, sin necesitar ningún producto.
Con la malaquita se habla de una protección que no encierra. La voluntad y la confianza completan el cuadro: saber decir que no cuando hace falta, decidir tu propio rumbo y luego seguir tu idea sin pedir permiso.
Sus joyas van desde las pulseras de cuentas, donde aparece sola o mezclada con cristal de roca, aventurina o cuarzo ahumado, hasta los anillos cincelados y los colgantes. También forma parte de orgonitas en forma de pirámide, junto al lapislázuli o la amatista. Su verde intenso prefiere la ropa sobria, blanca, negra o beige.
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