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La colección Kinthia
El rosa por sí solo sería un poco modosito: en las joyas de rodonita, unas vetas negras vienen a sacudirlo, trazadas con tinta y al azar. Así, cada piedra lleva un dibujo propio, más o menos cargado, a veces apenas un arañazo. Se le confían el amor y el gusto por compartir, y esos talentos que uno acaba viendo en sí mismo y que dan ganas de ofrecer.
El cuaderno Kinthia
Algunas claves para encontrar lo que se parece a ti.
La rodonita es un silicato de manganeso, y la rosa, rhodon en griego, le dio su nombre. Las vetas y manchas negras, óxidos del mismo metal, la distinguen a primera vista de la rodocrosita, la otra piedra rosa de nombre casi gemelo, recorrida más bien por ondas más pálidas. Opaca, adquiere con el pulido un aspecto satinado.
Se la relaciona con el amor que se da y con el gusto por compartir, pero también con la vocación: descubrir lo que se te da bien, atreverte a ponerlo al servicio de los demás y luego cuidar los lazos que nacen de ello. Es una piedra de relación más que de repliegue, volcada en lo que se construye entre varios.
Se lleva en collares de cuentas con fornituras doradas, que dan calidez a su rosa, y en pulseras, sola o reunida en un juego con el ónix y el cuarzo rosa, para jugar con una misma gama de rosa y negro. Las cuentas redondas y pulidas dejan ver las vetas en toda su superficie, y es ensartada en collar como mejor muestra su dibujo.
Su contraste hace que la rodonita sea menos empalagosa que las otras piedras rosas: combina con el gris, el negro y el vaquero, y nunca cae en la ñoñería. Regálala para celebrar una vocación encontrada, unas oposiciones aprobadas, un cambio de profesión, un primer taller que abre sus puertas.
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