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La colección Kinthia
Durante mucho tiempo, los pintores molieron el lapislázuli para obtener el azul ultramar, tan caro que se reservaba para el manto de la Virgen, y es ese mismo azul el que habita nuestras joyas de lapislázuli. No se parece a ningún otro: da la impresión de absorber la luz en lugar de devolverla. La piedra se relaciona con la sabiduría y con la verdad buscada bajo la superficie.
El cuaderno Kinthia
Algunas claves para encontrar lo que se parece a ti.
El lapislázuli no es un mineral único sino una roca. Su azul procede de la lazurita, las vetas blancas de la calcita, y los pequeños granos brillantes que a veces se ven en él, de la pirita. Su nombre une el latín lapis, la piedra, a una palabra persa que designaba esta piedra azul. Es opaco y se pule en cabujón o en cuentas.
La tradición lo sitúa del lado de la sabiduría y la verdad: ver más allá de la primera impresión, prestar atención a tus intuiciones. También se relaciona con las conversaciones sinceras. Como siempre, se trata de una tradición que se acepta o no: la piedra no impone nada.
La selección incluye anillos donde el lapislázuli se presenta en cabujón, a veces recortado en formas figurativas, conjuntos de chakras donde su azul ocupa el lugar del índigo, y objetos como las orgonitas, donde forma una capa bien reconocible.
Su azul intenso combina con las monturas doradas, que le dan calidez, y con el plateado, que lo vuelve más frío. Se lleva a diario sin cansar. Un regalo que se elige solo para los apasionados del arte, de la historia o simplemente del azul, ese que nunca pasa del todo de moda.
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