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La colección Kinthia
Apoyado en la palma, un ónix pulido se mantiene fresco un buen rato, y esa sensación basta a veces para explicar que alguien elija joyas de ónix. Su negro es uniforme, sin vetas ni reflejos de color, lo que hace de él la piedra más sobria de la selección. Se le atribuye la perseverancia, la de las decisiones que se mantienen incluso cuando las ganas flaquean.
El cuaderno Kinthia
Algunas claves para encontrar lo que se parece a ti.
El ónix pertenece a la familia de las calcedonias, como el ágata. El que se lleva en joyería es casi siempre negro, de un negro regular que adquiere un bonito brillo al pulirse. Facetado, juega con la luz plano a plano. Pulido en cuenta o en cabujón, resulta más mate y más discreto.
Al ónix se le vinculan la disciplina y la perseverancia: marcarte hitos y luego sostener un proyecto en el tiempo. Le va bien un esfuerzo que se prolonga: una formación, un entrenamiento, un compromiso que quieres cumplir. No actúa por ti, pero acompaña la regularidad.
El ónix se presenta en pendientes colgantes, tallado en gota facetada, en malas donde sus cuentas alternan con piedras más coloridas, y en pulseras totalmente negras, que se llevan solas o superpuestas. Su negro realza las piedras más vivas que se le asocian.
Neutro, el ónix va con cualquier ropa y combina tan bien con el ojo de tigre como con las piedras azules. Les sienta igual a los hombres que a las mujeres. Como regalo, piensa en alguien que prefiere las joyas sobrias o que se lanza a un proyecto de largo recorrido.
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