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Las 19:19 son la hora de la alegría que llega después del esfuerzo, esa que no se le ha robado a nadie y que apetece compartir. Responden al Sol, el arcano XVIIII del Tarot de Marsella, y se sitúan bajo la guarda de Yeialel, un ángel de valor y de perseverancia. Cuento esta hora entre las más cálidas de las horas espejo, siempre que no se tome por una promesa.
Las 19:19 son la hora de la alegría que llega después del esfuerzo, esa que no se le ha robado a nadie y que apetece compartir. Responden al Sol, el arcano XVIIII del Tarot de Marsella, y se sitúan bajo la guarda de Yeialel, un ángel de valor y de perseverancia. Cuento esta hora entre las más cálidas de las horas espejo, siempre que no se tome por una promesa.
Lo que subrayan las 19:19 es una culminación, el fruto de un trabajo sostenido mucho tiempo, a veces sin ver adónde llevaba. Una formación terminada tras meses de noches de estudio, un proyecto que por fin cuaja cuando habías estado a punto de abandonarlo, una relación reparada a fuerza de paciencia y de conversaciones difíciles. La hora te propone reconocer ese camino y alegrarte de él, sin falsa modestia.
El azar no ha tenido ningún papel en esos resultados, y ahí está toda la diferencia con la suerte. La suerte te toca. Esta alegría la has construido tú, y nada te impide sentir por ella un orgullo sincero. La continuación de la velada, a las 20:20, hablará de reconocer a quienes te han ayudado. Las 19:19, en cambio, empiezan por ti.
Su nombre se escribe Yeialel, pero también lo encontrarás bajo las formas Ieialel o Yeyalel: no todas las listas lo transcriben de la misma manera. Es, sin duda, el mismo ángel, el número 58 de los 72 que cuenta la tradición de la Cábala.
Estos 72 ángeles se reparten el día en franjas iguales de 20 minutos, y la cuenta es redonda: 72 por 20 minutos dan 24 horas. La de Yeialel va de 19:00 a 19:20, de modo que las 19:19 ocupan justo su último minuto.
Yeialel se asocia al valor, a la perseverancia y a la determinación, a esa fe en las propias fuerzas que permite no rendirse cuando todavía nada se mueve. Es también un ángel protector. Se le invoca de buen grado para salir de una mala racha, o para desbaratar las maniobras de alguien con malas intenciones. El aprendizaje y el despertar espiritual también figuran entre sus dominios. La relación con el Sol se adivina sin esfuerzo: el ángel vela por el camino, la carta muestra la llegada.
Para dirigirte a él, elige el gesto que te convenga. Hay quien le reza, hay quien prefiere un instante de meditación, o un pensamiento de gratitud por lo que ha atravesado. También puedes, sin más, fijarte en la hora y pasar a otra cosa, porque las 19:19 no reclaman ningún ritual.
En las barajas de Marsella, la decimonovena lámina lleva un número que a veces sorprende: XVIIII, y no XIX. Estas cartas escriben los números sumando las cifras romanas unas a otras, sin restar nunca ninguna.
La escena, en cambio, se lee de un vistazo. Un gran sol con rostro ocupa la parte superior de la carta e irradia en todas direcciones. De él caen gotas de colores, primas de las que descendían de la Luna a las 18:18, pero la noche ha cedido el paso al día. Abajo, delante de un murete, dos niños casi desnudos están de pie uno junto al otro, y uno de ellos toca al otro con la mano.
El Tarot de Marsella hace del Sol una carta de alegría, de calor y de éxito, pero su corazón late del lado de los dos niños. No posan, se sostienen el uno al otro. La complicidad, el cariño sincero, el apoyo que se recibe y se devuelve, eso es lo que la lámina añade al éxito. Para quien ve las 19:19, la pregunta pasa a ser: ¿quién está a tu lado, y saben esas personas lo que te aportan? A solas, se brilla. En compañía, se comparte el calor.
Empleo un único método de numerología para toda la serie, y las 19:19 permiten seguirlo hasta el final. Todo parte del número que marca la hora. Entre 00 y 09, basta con leer la cifra que se repite. El 11 y el 22, números maestros, se leen tal cual. En todos los demás casos, se suma, y se vuelve a empezar mientras queden dos cifras.
El 19 da primero 1 + 9 = 10, y luego 1 + 0 = 1. Así, las 19:19 se unen a las 01:01 y a las 10:10 bajo la misma cifra. Este 1 habla de resplandor y de armonía, de un éxito obtenido gracias a la perseverancia. Conviene conocer su reverso: a fuerza de triunfar, es fácil acabar creyéndose invencible. El éxito, sí, pero con los ojos abiertos.
El Sol no te promete a nadie, y yo desconfiaría de una lectura que lo hiciera. Habla, en cambio, del calor que ya das y recibes, junto a tus amigos, a tu familia, a quienes cuentan para ti. Devolver el afecto recibido, responder a una atención con otra, también es una manera de amar, y no necesita esperar a que tengas pareja. Nada dice que vaya a llegar un encuentro. Ese momento, en cualquier caso, no es una sala de espera.
En pareja, las 19:19 describen una relación que se consolida, lo que no quiere decir que esté asegurada. Los niños de la carta lo muestran bien: se sostienen el uno al otro, y ninguno da por hecho al otro. Si tu pareja te ha apoyado en un periodo difícil, la hora te propone devolverle ese afecto, con un gesto más que con un discurso.
En el trabajo, la complicidad del Sol puede tomar la forma de una asociación. Se perfila una colaboración, un compañero te propone montar un proyecto en común, dos talentos se complementan: la hora mira estas alianzas con buenos ojos, sin garantizar nada de su resultado. Antes de comprometerte, tómate el tiempo de comprobar que vais en la misma dirección, y que cada cual sabe lo que aporta.
En cuanto al dinero, ninguna suma se anuncia a las 19:19. El éxito del que habla esta hora se cuenta en proyectos llevados a buen término, en confianza ganada, en saber hacer. Puede tener consecuencias concretas, por supuesto. Pero el reloj no las cuantifica, y prefiero no hacerlo en su lugar.
Para prolongar las 19:19, tres ideas entre las que elegir:
La piedra sol se impone para esta lámina. Su tono de albaricoque, salpicado de pequeños destellos cobrizos, se asocia a la confianza y a la generosidad, al entusiasmo que apetece contagiar. Es ella la que colorea las joyas de piedra sol que proponemos.
La rodocrosita, de un rosa intenso recorrido por ondulaciones pálidas, evoca la alegría y la ternura de los pequeños detalles. Se une a la complicidad de los dos niños, y al cumplido dicho de pasada. Tiene su categoría, las joyas de rodocrosita.
El ónix, por último, hace de contrapeso. Su negro uniforme se asocia a la perseverancia y a la disciplina, las de Yeialel, que precedieron al sol. Para quien quiere mantener la lucidez en el momento del éxito, las joyas de ónix llevan esa idea.
Más bien buena, si hay que decantarse: el Sol es una carta de alegría. Pero una hora no garantiza nada, y la desgracia nunca está en sus cifras. Eres libre de ver en ella un estímulo, o solo una hora entre otras.
No, y la alegría del Sol no cambia nada: una hora no predice embarazos. Si deseas tener un hijo, ese deseo merece algo mejor que una señal en una pantalla, y ante todo que nadie juegue con él.
No. Ni las 19:19 ni Yeialel tienen mensaje alguno sobre tu salud, y lo que preocupa se le confía a un médico.
Solo tu fe puede decidirlo, y no voy a zanjarlo en su lugar. Lo que sí puedo decirte es su origen: una corriente esotérica, que tomó prestados sus 72 ángeles de la Cábala. Creyente o no, cada cual las recibe a su manera, o las deja pasar. Para una respuesta con autoridad, acude a alguien que comparta tus convicciones y las conozca bien.
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