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Quizá estés dudando, y ahí aparecen las 10:10 en la pantalla. La hora no te reprocha esa duda: ve en ella una advertencia que conviene escuchar antes de atreverte a dar el salto que retrasa, en el umbral de un ciclo que empieza. Las horas espejo la confían a Lecabel, ángel del valor y de la precisión, y le dan como carta la Rueda de la Fortuna, arcano X del Tarot de Marsella.
Quizá estés dudando, y ahí aparecen las 10:10 en la pantalla. La hora no te reprocha esa duda: ve en ella una advertencia que conviene escuchar antes de atreverte a dar el salto que retrasa, en el umbral de un ciclo que empieza. Las horas espejo la confían a Lecabel, ángel del valor y de la precisión, y le dan como carta la Rueda de la Fortuna, arcano X del Tarot de Marsella.
La duda tiene mala prensa. Se la toma por un freno, una falta de seguridad, la prueba de que aún no es el momento. Las 10:10 le dan otro papel, el del vigía que divisa antes que tú lo que puede atascarse: un detalle descuidado, un calendario demasiado ajustado, un acuerdo cerrado un poco deprisa. Más vale escucharla ahora que dentro de seis meses.
Una vez escuchada esa duda, la hora cambia de registro. Habla de impulso, de ese paso que ibas dejando para más tarde y que se vuelve posible. Nada de un salto al vacío, puesto que lo has preparado tomándote en serio tus vacilaciones. El valor de las 10:10 se parece a eso: avanzar sabiendo por qué se avanza.
La Cábala reparte la esfera del reloj entre setenta y dos ángeles. A cada uno le tocan sus veinte minutos, y su sucesión completa las veinticuatro horas sin dejar ni un solo minuto huérfano. Lecabel llega en trigésima primera posición, con la franja de 10:00 a 10:20, y las 10:10 caen justo en el corazón de su reinado.
Se le atribuye un valor sin estridencias, hecho de determinación y de atención a los detalles. Lecabel no empuja a la audacia ciega. Une el impulso a la precisión y a la perspectiva, y se mantiene fiel a sus valores cuando otros se doblegan. Se le vincula además con el éxito a través del trabajo, con el talento, con la expresión artística cuando se sale de los caminos trillados. Y es a él, según dicen, a quien se recurre para recuperar la luz cuando se avanza entre la niebla.
Si una decisión te inquieta, puedes confiarle tu pregunta, en voz baja o con el pensamiento, lo que dura una respiración. Una oración, si rezas. Unos minutos de meditación, si meditas. O nada en absoluto: la hora no exige ningún ritual.
En la carta X del Tarot de Marsella, una rueda gira sobre su eje, provista de una manivela. Dos criaturas medio animales se aferran a ella a cada lado, una subiendo y la otra bajando. En lo alto se encuentra una esfinge coronada, con una espada en la mano (una esfinge, y no un fénix, contrariamente a lo que a veces se lee). Ella, en cambio, ni sube ni baja.
La palabra «Fortuna» suele engañar. En el nombre de la carta, designa el destino, lo que gira sin avisar, y no la riqueza. Vista a las 10:10, la Rueda recuerda que nada es definitivo: lo que te pesa acabará girando, y lo que te sostiene también. No se la puede detener, pero sí elegir cómo agarrarse a ella. Los golpes del destino existen, la carta no lo oculta, y solo pide que no confundas un descenso con una caída.
Se sitúa entre el Ermitaño, carta de las 09:09, y la Fuerza, carta de las 11:11. El Rider-Waite-Smith la mantiene en el mismo puesto, con el nombre de Wheel of Fortune.
De una hora espejo a otra, mi lectura en numerología no varía, y en ella solo miro las horas, nunca los minutos. Un cero delante (de 00 a 09) deja hablar a la cifra duplicada en la pantalla. Vienen después dos excepciones, el once y el veintidós, números maestros que dejo intactos. Para todo lo demás, sumo, y vuelvo a sumar mientras queden dos cifras.
Las 10:10 llevan el número 10, que la suma reduce a 1 (1 + 0). Es la cifra de la 01:01, y también aquella en la que desembocan las 19:19, cuyo 19 pasa por el 10 antes de llegar a 1.
El 1 es la cifra de la acción. Pide enfrentarse a la realidad en lugar de soñarla, acompaña los cambios importantes, y el éxito que se le asocia llega al final del esfuerzo, nunca antes. Una cifra exigente, pues, pero franca.
En el amor, las 10:10 no te prometen ningún flechazo. Te hablan de escucha, empezando por la de tus propias reticencias.
Quizá se abra una nueva etapa en tu vida, y una relación podría encontrar en ella su sitio. Y digo «podría»: la hora no anuncia a nadie. Si se presenta un encuentro y una vocecita te frena, no la descartes por impaciencia. A veces se equivoca, a veces tiene razón, y merece al menos que la escuches.
En pareja, la duda de las 10:10 puede señalar un malentendido que se instala, una costumbre que ya no te conviene, una pregunta que no te atreves a hacer. Ahogarla para preservar la paz suele salir más caro que hablarlo pronto. Y si tu historia entra en otra fase, con un proyecto común o un ritmo que cambia, aborda ese giro con tu pareja en lugar de que cada cual vaya por su lado.
Quizá sea aquí donde las 10:10 se muestran más concretas. Lecabel vela por el éxito a través del trabajo, el 1 por el esfuerzo que acaba dando fruto, y la hora te empuja a hacer valer tus competencias en lugar de esperar a que alguien se fije en ellas. Puede que se esté preparando un cambio, un nuevo puesto, un encargo, a veces un desplazamiento. Y si algo falla en un asunto, corrígelo sin esperar. Es ahí donde la duda presta su mejor servicio.
En cuanto al dinero, la Rueda de la Fortuna no tiene nada de pronóstico. No te dice que pruebes suerte, y menos aún que apuestes. Recuerda que las finanzas tienen sus altibajos, y que una etapa de estrecheces no dura más que una etapa de bonanza.
Tres pistas, si la hora te dice algo:
Para quien disfruta asociando una hora a una piedra, aquí van tres, ligadas cada una a la Rueda, a la cifra 1 o a Lecabel.
A los ciclos y a la renovación se asocia la piedra luna, que debe su nombre a un astro que se apaga cada mes antes de volver. Coincide con la Rueda en un punto: lo que desaparece durante un tiempo no está perdido. Cada una de las joyas de piedra luna conserva esa idea.
La cornalina evoca el impulso y la voluntad, ese momento en que por fin te atreves a empezar. Responde al 1, cifra de la acción, y su tono anaranjado colorea nuestras joyas de cornalina.
Queda la sodalita, que se vincula a la reflexión, al tiempo que se toma para sopesar los pros y los contras antes de actuar. Su azul oscuro surcado de blanco armoniza con Lecabel, el ángel al que se llama cuando la niebla tarda en levantarse. Con ella se compone nuestra selección de joyas de sodalita.
En tu pantalla no aparece ni una promesa ni una amenaza. La criatura que baja por la Rueda no te señala a ti: muestra que todo ciclo tiene su pendiente, y ninguna hora, esta incluida, trae mala suerte.
Menos de lo que podría creerse. Las 10:01 también caen entre las 10:00 y las 10:20: misma franja, y por tanto mismo ángel, Lecabel.
Sobre lo que siente esa persona, o sobre un posible regreso, las 10:10 guardan silencio. Te remiten más bien a tu propia vacilación, a lo que te impide dar un paso hacia ella, o pasar página.
No, ninguna: las cifras de tu pantalla no saben nada de tu salud. Ante la menor preocupación en ese terreno, consulta con un médico.
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