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La colección Kinthia
Un barco puede tirar de su cadena, pero no se va mientras el ancla aguante: ese es el papel que se le atribuye a una joya de enraizamiento. Dominan los negros, del ónix mate a la obsidiana velada de destellos dorados y cobrizos, con algunos marrones cálidos de ojo de tigre. Se vinculan a la estabilidad y a los puntos de referencia que te marcas, para no dejarte arrastrar por cada ola.
El cuaderno Kinthia
Algunas claves para encontrar lo que se parece a ti.
Enraizarse, en sentido simbólico, es mantener un vínculo con lo concreto: tus costumbres, tus compromisos, el suelo bajo tus pies. A menudo oscuras y densas, las piedras de esta selección se vinculan a esa estabilidad. No fijan nada por ti, pero su peso en la mano recuerda que se puede avanzar sin precipitarse.
El ónix, de un negro uniforme, habla de perseverancia y de disciplina: la importancia de los pequeños pasos y de las decisiones que se mantienen en el tiempo. El jaspe rojo, color de terracota, evoca la paciencia y la constancia, para lo que se construye despacio, sabiendo que avanzar y correr no son lo mismo.
El cuarzo ahumado, marrón o gris transparente, se vincula a lo concreto y al momento presente: arreglárselas con lo que hay, hoy. La hematita, de un gris casi plateado, se ve como un apoyo sólido, propicio a una mirada lúcida sobre tus deseos y sobre la manera de hacerles sitio en el día a día.
Negras, grises o marrones, estas joyas combinan con todo y las lleva igual de bien un hombre que una mujer. Una pulsera de cuentas mates se desliza bajo una manga, un colgante oscuro pasa desapercibido sobre una camisa. Un regalo para quien atraviesa una etapa de cambios: un punto fijo que llevar encima.
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