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La videncia es un medio, una capacidad de obtener respuestas a las propias preguntas e información gracias a fuerzas que no recurren a la naturaleza ni a los cinco sentidos.
La videncia es un medio, una capacidad de obtener respuestas a las propias preguntas e información gracias a fuerzas que no recurren a la naturaleza ni a los cinco sentidos.
La videncia no es una ciencia ni está reconocida como tal. Para los científicos, estos fenómenos no se apoyan en ninguna base teórica.
La videncia a veces se reconoce y se clasifica en una categoría: el esoterismo y las artes adivinatorias.
Gracias a ciertas facultades, un vidente puede ver (clarividencia), oír (clariaudiencia) y sentir los acontecimientos futuros que van a producirse.
Todos tenemos la posibilidad de sentir y de predecir ciertos acontecimientos. Solo que, en algunas personas, esta capacidad está enterrada: por miedo, por creencias, quizá por no querer creer en ella. En otras, esta capacidad está despierta. En eso se diferencia un médium: tiene capacidades desde muy pequeño o pequeña. El médium se comunica con los espíritus y seguramente no necesita soportes (las artes adivinatorias) para saber qué nos depara el futuro. El médium puede usar soportes cuando no logra captar bien a quien le consulta o para obtener más información general.
En la mayoría de los casos, un vidente utiliza un soporte: por lo general, el Tarot de Marsella es el más conocido y utilizado (aunque a algunos les resulte incomprensible), el oráculo, el péndulo… Hay quien lee en una bola de cristal, en los posos del café, en una hoja en blanco… El vidente puede servirse de estos soportes y no siempre puede controlar ciertas sensaciones, ciertas percepciones que lo llevan a ver más allá del mensaje que transmiten las cartas.
El oficio no está protegido y ningún título te daría derecho a ejercer como vidente. Sin embargo, existen leyes al respecto. Como en cualquier otra profesión, hay estafadores. Ahí está la diferencia. Circulan teorías según las cuales un buen vidente no cobra y no pide nada a cambio de una consulta. Pero entonces, ¿cómo paga las facturas a final de mes? Opino que, para cortar el vínculo con la persona y no absorber lo negativo, hace falta un intercambio. Ya sean 10 céntimos o 30 € (algunos videntes pueden pedir hasta 150 € por una consulta de 2 horas). En cualquier caso, es quien consulta quien decide si quiere pagar ese precio, ya sea con un regalo, con una invitación o de otra forma. A quien consulta le toca informarse sobre las opiniones que recibe el vidente o sobre sus tarifas. Es libre de elegir.
Existen muchas formas de consultar a un vidente: en un gabinete profesional, por teléfono, por internet mediante una consulta de videncia online, en fiestas, en ferias…
La consulta de videncia por teléfono sigue siendo la más popular en 2024. Pero la consulta de videncia por webcam está de moda y va ganando cuota de mercado. En cuanto a las consultas de videncia por correo electrónico y por chat, siguen siendo populares sobre todo por su anonimato y su facilidad de acceso.
No olvides que los videntes y las personas que echan las cartas pueden equivocarse.
Repetir demasiado las mismas preguntas puede perjudicar las interpretaciones, y los juegos adivinatorios se cerrarán ante ti y te mentirán para hacértelo entender.
Ante todo, la videncia te aportará ayuda y consejos, pero la solución siempre está en ti.
Una pregunta, una experiencia, otra forma de verlo… El descubrimiento continúa también en el intercambio.
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